El coste oculto de la ceguera en España

Un análisis de 99.800 millones de euros y el papel crítico del Optometrista

Introducción

Como optometristas clínicos, medimos los éxitos de nuestro trabajo en dioptrías, micras de grosor retiniano y grados de campo visual. Pero ¿alguna vez hemos medido el impacto en euros? Se ha publicado un estudio exhaustivo en “Health Economics Review (Assessing the economic burden of vision loss and irreversible legal blindness in Spain (2021–2030): a societal perspective)”, donde encontramos una métrica impactante y nueva de lo que hacemos. Este estudio estima la carga económica de la pérdida de visión en euros por las cinco principales patologías de mayor prevalencia (glaucoma, retinopatía diabética (RD), edema macular diabético (EMD), DMAE y alta miopía) en España. 

La carga económica total estimada para el periodo 2021-2030 asciende a 99.800 millones de euros.

Es una cifra que asusta, sin embargo, el hallazgo más impactante no es el número, sino su composición. Instintivamente podríamos pensar que esta cifra se compone de fármacos, cirugía y visitas oftalmológicas, optométricas, psiquiátricas, etc., pero nada más lejos de la realidad. El coste en salud directa constituye solo una pequeña fracción del problema. 

Este análisis no es un simple documento para los economistas o para los políticos; es un manifiesto que va a redefinir el valor de la optometría clínica avanzada. 

El panorama demográfico: una marea creciente 

Para poder comprender el coste hay que comprender primero la demografía. Y la información resulta alarmante. El estudio proyecta que para 2030 la población total de personas que padecen estas patologías en España alcanzará la cifra de 8 millones de personas, lo que supone un 103% más que en el año 2021. La «bomba de relojería» tiene nombre y apellidos: diabetes mellitus. 

Se estima que la población con Retinopatía Diabética va a crecer un 659% y la población que padece Edema Macular Diabético un 288% si no existe un cambio radical en la sociedad. Las patologías que más aumentarían su coste serán las siguientes: Incremento del 703% en retinopatía diabética y del del 317% en edema macular diabético en 2030. 

Por otra parte, las patologías clásicamente vinculadas al envejecimiento, como, por ejemplo, la DMAE, tendrá un crecimiento del 69% y el glaucoma, un crecimiento del 18%. A pesar de que este porcentaje del 18% de crecimiento en el glaucoma puede parecer modesto en comparación, veremos cómo su coste económico es, paradójicamente, el que más incrementa.

La gran revelación: Desglosando el coste económico

Llegamos al punto donde el estudio arruina nuestras teorías. El coste total de 99.800 millones de euros se articula en tres categorías, y la distribución es muy reveladora:

  1. Costes sanitarios directos (18% del total): con 17.600 millones de euros, es el coste menor. Aquí se encuentra toda la atención: consultas, pruebas diagnósticas (OCTs, campos visuales), fármacos, inyecciones intravítreas y cirugías. Es la parte visible del iceberg, lo único que el sistema sanitario habitualmente tasa y financia.
  2. Coste indirecto por pérdida de productividad (38%): Este es el coste derivado de las personas que se encuentran en edad laboral pero no pueden trabajar, o trabajan menos debido a la discapacidad visual y es de 38.200 millones de euros.
  3. Coste No Sanitario Directo (44%): Es el monto más importante, equivale a 44.600 millones de euros, y es la cifra que todos ignoramos. Se trata del coste de la dependencia: tiempo de los cuidadores informales (la mayoría son familiares), adaptaciones en el propio hogar, transporte especializado y ayudas de todo tipo.

Tengamos en cuenta que el 82% del coste económico de la ceguera en nuestro país no es sanitario sino social y de pérdida de productividad.

Perfiles de coste: No todas las patologías tienen el mismo impacto

Glaucoma y DMAE: Los costes de la dependencia

El glaucoma es la enfermedad cuyo coste acumulado resulta más elevado (33.600 millones). ¿Por qué? Porque su coste está compuesto por un 78% de coste no sanitario directo. La DMAE, por su parte, tiene un coste compuesto por un 66% de coste no sanitario directo.

Cuando detectamos un glaucoma incipiente en una OCT o se diagnostica una DMAE precoz, no sólo salvamos fotorreceptores. Prevenimos la dependencia. 

Ahorraremos décadas de coste en cuidadores, adaptaciones y pérdida de autonomía. Nuestro trabajo es un pilar contra la dependencia.

RD, EMD y Alta Miopía: Los costes de la productividad

En este caso el perfil cambia notoriamente. En la Retinopatía Diabética, el 76% del coste es debido a la pérdida de productividad. En el edema macular diabético (EMD) es el 51% y en la alta miopía es el 46%. La explicación es clara: se trata de afecciones que afectan a personas más jóvenes, en plena etapa laboral. 

Cada vez que realizamos una retinografía a un paciente diabético o monitorizamos a un alto miope, somos defensores de la economía activa del país. Cada año de visión funcional que preservamos equivale a un año de productividad salvaguardada. El EMD es un caso particular, ya que también tiene el mayor porcentaje de coste sanitario directo (39%), debido a la necesidad de terapias intravítreas continuas.

De la refracción a la intervención socioeconómica

Este informe debería ser de lectura obligatoria en cualquier máster de optometría. Nos obliga a redefinir nuestro propósito: el optometrista clínico, provisto de tecnología de diagnóstico sofisticada, no es un simple «detector» y “derivador” de personas con patologías visuales, sino un agente de intervención socioeconómica. 

El estudio argumenta que invertir en detección precoz y tratamientos efectivos, a pesar de aumentar el coste sanitario directo a corto plazo (el 18% del coste total), podría reducir drásticamente los costes no sanitarios y de productividad (el 82% restante). Es aquí cuando cobra sentido nuestra apuesta por la tecnología (OCT, angio-OCT, retinografía de campo amplio, microperimetría, etc.), el coste de estas herramientas es ínfimo si lo comparamos con la sangría económica que podemos evitar, y es aquí donde la inteligencia artificial, y la realidad aumentada jugarán un papel crucial al permitirnos escalar esta detección precoz.

Análisis crítico: lo que no nos dice el estudio

Como científicos debemos ser rigurosos, pero es el propio estudio el que reconoce sus limitaciones. Dada la falta de datos epidemiológicos válidos en el territorio español, debieron realizar varias asunciones (ej. la tasa de incidencia de glaucoma) y extrapolar los costes procedentes de otros países europeos, aunque hicieran una corrección por el concepto de paridad de poder adquisitivo (PPA).

Por otro lado, y esto es de calado, el modelo no tiene en cuenta la eficacia de los tratamientos. No descuentan el beneficio económico que ofrece una inyección anti-VEGF a tiempo o una cirugía de glaucoma exitosa. Todo esto significa que la cifra de 99.800 millones de euros es probablemente una sobreestimación de la realidad, pero paradójicamente, subestiman también el valor de nuestras intervenciones. La realidad es que, sin nuestro trabajo, esa cifra sería mucho, mucho mayor.

Conclusión: Una nueva métrica para nuestro valor

Este estudio nos ha obsequiado con la historia más potente para defender nuestra profesión. Nuestro valor no se encuentra solamente en la agudeza visual que preservamos, sino también en la productividad que mantenemos y en la independencia que salvaguardamos.

La próxima vez que eduquemos a un paciente sobre la importancia de una revisión anual, no estamos hablando sólo de su salud visual. Estamos hablando del coste de su cuidador, de su capacidad para trabajar,de su independencia y de su calidad de vida.

Prevenir, detectar precozmente y apostar por la tecnología no son un coste. Son, como demuestran estas cifras, la inversión más inteligente y rentable que somos capaces de hacer como sociedad para proteger nuestro futuro económico y social. Y el optometrista clínico es un agente en la primera línea de la inversión.

Enlace a la publicación del estudio